
El agua en las Tablas de Daimiel no depende de un único río ni de una simple temporada de lluvias. Este humedal de Ciudad Real funciona como un punto de encuentro entre aguas superficiales, aguas subterráneas, un terreno casi plano y una geología capaz de almacenar agua como una esponja.
Por eso el paisaje puede cambiar tanto de una visita a otra. Cuando entendemos de dónde viene el agua, las pasarelas, los carrizales y las zonas aparentemente secas cuentan una historia mucho más compleja de lo que parece.
Qué significa realmente que sean unas “tablas”
Las tablas fluviales son llanuras que se inundan cuando un río se desborda en un terreno con muy poca pendiente. El agua avanza despacio, ocupa depresiones someras y crea una mezcla de zonas abiertas, vegetación emergente e islas.
Según el Ministerio para la Transición Ecológica, las Tablas de Daimiel son el último gran representante de este tipo de ecosistema, antiguamente más habitual en la llanura central de la península. Su singularidad no procede de tener un gran lago permanente, sino de combinar una llanura de inundación con la descarga de un enorme sistema de aguas subterráneas.
El propio nombre ayuda a mirar el lugar de otra manera: no estamos ante una laguna convencional, sino ante un territorio llano en el que el agua se extiende y retrocede.
Dos ríos distintos construyeron el humedal
Las Tablas de Daimiel nacen en la confluencia de dos ríos con comportamientos diferentes. El Gigüela —también escrito Cigüela— aporta aguas superficiales estacionales y con cierta salinidad. El Guadiana aportaba agua dulce de forma más regular gracias a su relación con el acuífero de la Mancha Occidental.
La mezcla de ambos tipos de agua, sumada a la escasa pendiente, favoreció un mosaico de ambientes. No todas las plantas toleran igual la profundidad o la salinidad, de modo que la vegetación se distribuye como si dibujara un mapa invisible del agua.
Esta combinación explica también por qué una lluvia intensa cerca del parque no siempre basta para transformarlo. Parte del agua que lo alimenta puede proceder de una cuenca mucho más amplia y tardar en recorrer ríos, suelos y acuíferos antes de llegar.
El acuífero 23 era la reserva oculta
Bajo la llanura manchega existe un sustrato calizo fisurado. El agua de lluvia puede infiltrarse por esas fracturas, ocupar los huecos de la roca y circular lentamente bajo tierra. Cuando el nivel subterráneo era suficientemente alto, el sistema rebosaba en manantiales como los Ojos del Guadiana y alimentaba el río y el humedal.
El llamado acuífero 23 es la denominación histórica del gran sistema de la Mancha Occidental. En la gestión actual se divide en varias masas de agua subterránea, pero el nombre antiguo continúa siendo muy conocido.
El Instituto Geológico y Minero de España explica que, en condiciones naturales, las aguas superficiales y subterráneas intercambiaban su papel según el grado de llenado del acuífero. Esa conexión convertía Las Tablas en una especie de indicador: su estado reflejaba lo que estaba ocurriendo bajo miles de kilómetros cuadrados de territorio.
La oscilación natural no es lo mismo que la desecación
Que el nivel del agua cambie a lo largo del año forma parte de la dinámica de muchos humedales mediterráneos. Las zonas marginales pueden inundarse durante las avenidas y quedar descubiertas en periodos secos. Esa alternancia crea hábitats distintos.
Sin embargo, una cosa es la variación estacional y otra que desaparezca la alimentación subterránea. A partir de la década de 1970, la expansión del regadío y la extracción de aguas subterráneas por encima de la recarga hicieron descender el nivel freático. Los Ojos del Guadiana dejaron de manar en 1984 y la relación natural entre el acuífero, el río y el parque quedó profundamente alterada.
Desde entonces, los periodos húmedos, las crecidas del Gigüela, la recuperación parcial del acuífero y distintas actuaciones de gestión pueden aumentar la superficie encharcada. Pero una imagen con mucha agua no significa por sí sola que todo el sistema hidrológico se haya recuperado.
Cómo puede arder un humedal bajo tierra
Una de las curiosidades más difíciles de imaginar es que Las Tablas de Daimiel pueden sufrir incendios en el subsuelo. La explicación está en la turba, un material rico en restos vegetales que se acumula cuando la falta de oxígeno impide su descomposición completa.
Mientras permanece húmeda, la turba forma parte del funcionamiento del humedal. Si el suelo se seca, se contrae y se agrieta. El aire penetra por esas grietas, la materia orgánica comienza a oxidarse y puede calentarse hasta entrar en combustión.
La guía geológica del IGME documenta que en 2009 la desecación completa favoreció un incendio latente de turba dentro del parque. No era una llama avanzando por la superficie, sino una combustión lenta bajo el terreno, con riesgo para la estructura del humedal y para la calidad del agua subterránea.
Este episodio ayuda a comprender que conservar el agua no es solo una cuestión paisajística. También protege el suelo que sostiene todo el ecosistema.

Qué detalles permiten leer el paisaje durante la visita
El agua no se interpreta únicamente mirando su extensión. El Inventario Español de Lugares de Interés Geológico distingue tres ambientes que pueden reconocerse desde los observatorios y las pasarelas:
- Los tablazos, zonas de agua libre que pueden alcanzar aproximadamente entre uno y un metro y medio de profundidad.
- Las áreas de vegetación emergente, con masiega, carrizo o enea y una lámina de agua más somera.
- Las zonas marginales, que se inundan sobre todo durante las avenidas y pueden mostrar un aspecto más seco el resto del tiempo.
También merece la pena observar las pequeñas islas unidas por pasarelas. Son afloramientos de caliza y permiten intuir el relieve irregular que existe bajo los sedimentos y el agua. Caminar sobre ellas es, en cierto modo, recorrer la parte visible de la geología que dio forma al humedal.
Por qué Las Tablas siguen siendo importantes
La actualización oficial publicada en el BOE el 18 de agosto de 2026 mantiene a Las Tablas de Daimiel como Humedal de Importancia Internacional del Convenio de Ramsar. La ficha reconoce su extraordinario valor para la flora, la fauna y las aves acuáticas, pero también recuerda que el espacio figura desde 1990 en el Registro de Montreux, reservado a humedales cuyo carácter ecológico ha sufrido cambios relevantes o afronta amenazas.
Esa doble condición resume bien el lugar: es un espacio excepcional y, al mismo tiempo, frágil. No necesita que lo idealicemos, sino que comprendamos la relación entre lluvia, ríos, acuíferos, agricultura, vegetación y gestión.
Un paisaje que nuestro grupo acaba de recorrer
Las Tablas de Daimiel formaron parte de la escapada de Conexión Viajera a Cabañeros en septiembre de 2026. El viaje permitió unir dos paisajes muy diferentes de Ciudad Real: el humedal manchego y la raña de Cabañeros, donde el grupo acudió a observar la berrea.
Puedes ver las fotografías de la escapada a Cabañeros de septiembre de 2026 y ampliar el contexto natural con nuestra guía sobre por qué Cabañeros es un lugar privilegiado para observar la berrea.
La próxima vez que cruces las pasarelas, quizá ya no veas solo agua o terreno seco. Verás la superficie visible de un sistema mucho mayor, cuyo verdadero recorrido comienza kilómetros antes y continúa bajo nuestros pies.
Fuentes consultadas
- Ministerio para la Transición Ecológica: Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.
- Ministerio para la Transición Ecológica: medio natural y funcionamiento hidrológico.
- Instituto Geológico y Minero de España: Las Tablas de Daimiel, lugar de interés geológico TM131.
- IGME: guía geológica y autocombustión de la turba en 2009.
- BOE: información técnica y cartográfica actualizada del sitio Ramsar Las Tablas de Daimiel, 18 de agosto de 2026.

